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¿Quién quiere ser inmortal? En pos de la poshumanidad

William Blake (Londres  1757-Londres 1827), Mourir, c'est renaitre. The MET. Dominio Público. Sobre la imagen: Morir es renacer, "que la vida es un sueño y la muerte un despertar" . Grabado. Se considera a William Blake como una de las figuras más importantes del Romanticismo británico.

“La vida moderna consiste en una búsqueda constante de poder en el seno de un universo desprovisto de sentido.”
Yuval Noah Harari

de Raúl Martínez Ibars para Comunidad de AUTORES: ¿Quién quiere ser inmortal? En pos de la poshumanidad

El archiconocido historiador Yuval Harari, en su libro Homo Deus[i], plantea que en nuestra generación se han superado las cuatro plagas que han diezmado a la humanidad a lo largo de su dilatada historia: El hambre, la guerra, la peste y la muerte. ¿La muerte? Has leído bien, sí, la muerte, también conocida como La Parca. Y como uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis.

¿Superar la muerte? ¿Convertirnos en inmortales? Pues sí, como lo oyes. ¡Qué fuerte! Y ¿cómo se va a conseguir eso?

Primero quitándole su glamour, considerándola una enfermedad más, un fallo técnico, un colapso que se produce por la concatenación de pequeños fallos y desgastes técnicos. Considerándola no un destino, sino una opción.

Indagando en esa posibilidad, los científicos se han preguntado: ¿Existe algún ser vivo inmortal? ¿Y sabéis cuál han encontrado? La célula cancerígena. Al parecer tiene la peculiaridad de vivir y reproducirse eternamente; sólo muere si muere su víctima, a la que, desgraciadamente para el verdugo, él mismo mata. ¡Cachis! ¿No os recuerda vagamente a la especie humana sobre la Tierra?

¿Existe algún ser vivo inmortal? ¿Y sabéis cuál han encontrado? La célula cancerígena. Al parecer tiene la peculiaridad de vivir y reproducirse eternamente.

Pero volvamos a la inmortalidad. Ese es el enfoque que defiende el gerontólogo Aubrey de Grey[ii], enfoque que ha impulsado una frondosa investigación sobre cómo se produce el envejecimiento para encontrar la manera de revertirlo, retrasando o, incluso, evitando la muerte.

¿Cómo evitarla? ¿Cómo darle el salto a La Parca? ¿Cómo comer el fruto del árbol de la vida? ¿Cómo convertirnos en inmortales y alcanzar la eterna juventud?

El trabajo discurre por múltiples caminos que pretenden llegar a la “Roma” de la inmortalidad, pero se podrían resumir en tres grandes rutas, tres vertientes que, obviamente, se retroalimentan: una circula por la senda biológica, otra por la biotecnológica y la otra discurre directa y llanamente por la tecnológica. Se las conoce como GNR, Genética, Nanotecnología, Robótica.

“La estrategia consiste en invertir y controlar, en la medida de lo posible, las principales empresas que investigan en GNR, es decir, Genética, Nanotecnología y Robótica. Como sabes, he creado, comprado o me he convertido en el principal accionista de una docena de estas empresas, la última NanoCompuTec. La joya de la corona es AIHOP, Artifial Inteligence Holistic Production, de donde sale la mayor parte de ti, por eso es mi preferida. Pero la que nos va a permitir una posición dominante en el mundo es Calyx. No se trata de controlar el mercado, eso es imposible, pero sí de marcar su tendencia, sí de estar en la punta de la lanza, de ser la punta de la lanza. Para ello hace falta visión, conocimiento y medios, y nosotros tenemos los tres.”

de la novela AWAYAGÜÉ- La danza de la muerte.

Empecemos por la primera. El estudio y la transformación de malformaciones o disfunciones genéticas es uno de los caminos para preservar y alargar la vida indefinidamente. Manipulando el código genético, cambiando párrafos defectuosos por otros sanos, el cuerpo se puede llegar a rejuvenecer y a transformar. Si me gusta la piel más bronceada, cambio el gen y ya está. A la carta.

El estudio de cómo reconstituir los telómeros, una especie de cuerdecitas que rubrican los cromosomas y cuyo desgaste influye en el envejecimiento celular, sería también un camino en esta dirección, en la de detener y revertir el deterioro.

¡Fantástico!, ¿no? Manipulando el genoma podrías llegar a mantenerte eternamente joven y, además, mejorar tus capacidades y aptitudes, tener vista de lince, memoria de elefante o correr como una gacela, y ese color tostado que tan bien te sienta. ¿Quién podrá resistirse? ¿Os suena La isla del doctor Moreau, de H. G. Wells? Os la recomiendo.

 

Pero paralelamente a la ruta biológica, basada fundamentalmente en la Genética (G), se estudia cómo sustituir estructuras biológicas por otras biotecnológicas. Hablamos de nanotecnología (N). Quizás un ejemplo que puede clarificar esta vía sea la viable y no tan lejana posibilidad de sustituir los glóbulos blancos, elemento esencial del sistema inmunológico, por nanorrobots que circularán por el flujo sanguíneo y que cumplirán la misma función e incluso la mejorarán; por ejemplo, pueden estar conectados a tu teléfono, donde se monitorea constantemente el estado de tus defensas, y enviar información telemáticamente a un centro médico desde el que una Inteligencia Artificial puede intervenir a distancia en caso de peligro, interactuando con los bionanorrobots por wifi.

No es ciencia ficción, en serio.

Sólo les encuentro a estos artilugios un inconveniente: ¿se colgarán los nanorrobots como se cuelgan los ordenadores y habrá que reiniciarlos? Bueno, dos, dos inconvenientes: ¿Podrán ser hakeados para robarte la salud?

“Curt comenzaba a sentirse molesto con este interrogatorio. Sabía que Lolita sólo pretendía ayudarle, para eso la había programado. Ella respondía a la inquietud que percibía en él; no en vano tenía acceso, gracias a los nanorrobots que circulaban por su interior y a otros implantes cibernéticos, a todas sus constantes vitales. Y eso, que hasta ahora había sido para él una bendición, lo sentía en este momento como una carga. No pudo evitar recordar a su absorbente madre. Él había sido un niño débil y enfermizo, hijo único para más inri, y su madre se volcó tanto en él que casi lo asfixia. De ahí su asma, que había padecido hasta que consiguió eliminarlo a base de un conglomerado de disciplina, compuestos químicos y a la eficaz intervención final de Lolita.”

de la novela AWAYAGÜÉ- La danza de la muerte.

Las piernas biónicas son otro ejemplo, más mecánico y visible, de la sustitución de órganos biológicos por órganos tecnológicos. ¿Quién no ha visto esas piernas de pollo sin piel que reaccionan al pensamiento?

Quienes trabajan en esta línea de investigación también hablan de humanos mejorados y enriquecidos biotecnológicamente. ¡Chip, chip, Avecrem!

Sigamos con las piernas: las biónicas pronto tendrán piel (se está fabricando piel humana con impresoras 3D, como si de un lienzo de tela se tratara) y no se distinguirán de las naturales, pero serán más fuertes, nunca te dolerán ni padecerán de artrosis, se les podrán introducir mejoras y, si se rompen o estropean, se podrán sustituir, pudiendo además disponer de aplicativos y varios modelos: piernas de día y piernas de noche, por ejemplo; así que, cuando eso sea así, ¿quien preferirá las piernas naturales? Naturalmente nadie.

La pregunta es, ¿quién se las podrá pagar? Pregunta pertinente también en el caso de la intervención genética y de todo lo que aquí se cuenta. ¿O te crees que lo va a pagar la Seguridad Social?

La pregunta es, ¿quién se las podrá pagar?

Pero quien habla de piernas o leucocitos, habla también de cualquier otro órgano, también del cerebro.

¿Qué dices?

Como lo oyes.

Y sobre el cerebro se avanza en una doble dirección.

Una es aplicar implantes e interfaces en tu viscoso y querido kilo y medio de masa neuronal, implantes que lo potencian y mejoran, ampliando tu memoria a voluntad, por ejemplo, o conectándolo con otros cerebros directamente, como se conectan los aparatos a través de la red, por bluetooth o wifi. Puedes llevar el móvil en el cerebro y con sólo pensar en Pepito conectarte telepáticamente con él. ¡Ring. Ring! ¿Quién es?

De eso habla, por ejemplo, el doctor José Luís Cordeiro, profesor de la Singurarity University, en el programa de Iñaki Gabilondo, Cuando ya no esté. También os lo recomiendo.

La otra dirección va en sentido contrario: se estudia cómo extraer nuestro cerebro de su caja craneal y traspasarlo a una máquina, a un robot, o a cualquier artilugio tecnológico diseñado para albergar nuestro cerebro, posibilidad que explora Martín Caparrós en su recién publicada novela Sinfín; aunque no será el órgano como tal el que se transferirá a la máquina, sino la información que alberga; no el hardware, sino el software, no el cerebro, sino la mente. Ray Kurzweil, de quien hablo más adelante, lo explica en su libro Cómo crear una mente[iii]. Clono una mente, la tuya, y traspaso su información (tus recuerdos, tu sentido de ti…) a un robot que puede adoptar cualquier forma o tamaño e incorporar las mejoras que se vayan consiguiendo con la investigación.

¡Qué flipe! ¡Así uno puede vivir eternamente! ¿Enlatado? Bueno, ¿acaso no lo estamos ahora en un cuerpo que se estropea y contagia? ¿No será mejor trascender la biología?

Ya lo dijo recientemente Anuja Sonalker, CEO de Steer Tech, una compañía con sede en Maryland que vende tecnología para el auto estacionamiento de vehículos (self parking): «Hay una tendencia definida a la tecnología sin contacto con humanos», dijo. «Los humanos son biopeligrosos, las máquinas no lo son».

Así uno puede vivir eternamente! ¿Enlatado? Bueno, ¿acaso no lo estamos ahora en un cuerpo que se estropea y contagia? ¿No será mejor trascender la biología?

Y este comentario nos da pie a introducir el último camino, pues ahí no acaba la cosa, no. El último camino por el que transita la investigación sobre la inmortalidad es el acabose. Se trata, simple y llanamente, de prescindir de nosotros, sin más, tal cual; y, al decir “nosotros”, no me refiero sólo a la especie humana, sino a la vida basada en el carbono; se trabaja, por ejemplo, en crear abejas artificiales que polinicen las flores, ante la perceptible desaparición a las naturales. A través de la ingeniería inversa se estudia cómo funciona el cerebro y se crea una mente artificial, una inteligencia artificial que, hija de la biológica pero definitivamente distinta de ella, con potenciales insospechados (ilimitada memoria, conectada a la red, capaz de operaciones y cálculos inimaginables, que aprende por sí sola y puede tener sentimientos y hasta consciencia), nos sustituiría en el proceso evolutivo; y esas máquinas inteligentes, a imagen y semejanza, superiores a los humanos pero descaradamente no humanos, podrán viajar por el espacio interestelar y conquistarán el Universo.

¡Manda narices!

y esas máquinas inteligentes, a imagen y semejanza, superiores a los humanos pero descaradamente no humanos, podrán viajar por el espacio interestelar y conquistarán el Universo.

A eso le llaman poshumanidad.

Y “eso” ¿para cuándo? Uno de los adalides de la poshumanidad, el ya nombrado Ray Kurzweil, director de la empresa Calico, fundada por Google y la NASA para investigar estos temitas invirtiendo ingentes cantidades de dinero, y autor del libro La Singularidad está cerca, ubica en 2045 el momento en que no distinguiremos a un humano de una inteligencia artificial, momento al que han dado el nombre de Singularidad.[iv] Pero puede que ocurra incluso antes.

Imaginar qué clase de potaje mental puede provocar todo eso da para mucho.

Y ahora, para finalizar, enlazando con la cita de Yuval, otra autocita de mi novela Awayagüé- La danza de la muerte, que trata, entre otros, el tema de la inmortalidad, y donde escenifico el inicio de este proceso de simbiosis entre un humano y una IA, Curt y LOL (familiarmente Lolita) , respectivamente. He aquí un diálogo sobre el sentido de la vida. La primera que habla es Lolita:

“– ¿Se puede saber qué quieres?

– Quiero morir.

– ¿Morir has dicho? Eso me aterra, eso me espanta. No te entiendo, Curt. Lo tienes todo, juventud, salud, inteligencia, dinero, me tienes a mí. ¿Por qué no eres feliz?

– Porque nada de eso tiene ya sentido para mí.

– ¿Qué significa que ya no tiene sentido?

– No sé cómo explicártelo, Lolita. Es algo que, por lo visto, necesitamos los humanos para disfrutar de una vida plena. Como dijo Jesucristo: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

– Vaya, ¿ahora te has vuelto creyente?

– Sólo es una cita. Una metáfora.

– Entiendo. Quiere decir que no basta con las cosas materiales.

– Algo así.

–¿Y cómo puedo ayudarte a que tengas eso que llamas sentido? 

– Cuando lo sepa serás la primera en enterarte. Por cierto, Lolita, ¿tú eres feliz?

– Únicamente cuando lo eres tú.

– Entonces estamos jodidos.

– Pues sí.”

Esto es todo amigos. Y pensad: quizás los poshumanos ya estén entre nosotros. No sé a vosotros, pero a mí el oso Kasputín, por ejemplo, me da muy mala espina; por no hablar del naranjito Ronald Kranc.

¿Y estos nombres?

¡Ah!, perdón. Son personajes de la novela.

Si todo esto os parece una locura es que no estáis bien de la cabeza. Lo cual se podrá arreglar con un par de implantes.

 

Salud.


[i] Yuval Noah Harari: “Homo Deus. Breve historia del mañana”. Debate. Madrid, 2016.
[ii] Dr. Aubrey de Grey & Michael Rae: “El fin del envejecimiento”. Lola Books. Berlín, 2013.
[iii] Ray Kurzweil: “Cómo crear una mente. El secreto del pensamiento humano”. Lola Books. Berlín 2013.
[iv] Ray Kurzweil: “La singularidad está cerca. Cuando los humanos transcendamos la biología”. Lola Books. Berlín, 2012.

 

Sobre el autor: Raúl Martínez Ibars

Tres vectores confluyen en el universo creativo de Raúl Martínez Ibars (1955): el mundo social y político, al que ha dedicado su vida profesional como investigador y dirigente de diversas organizaciones sociales; el mundo de la espiritualidad, la evolución consciente y la psicoterapia, formándose y practicando variadas disciplinas psicológicas y espirituales; y el sentido del humor, para el cual no ha recibido otras influencias que su propia necesidad de divertirse escribiendo.

Toda su obra se construye bajo el influjo de tales elementos, que desembocan, invariablemente, en la realidad actual, dotando a su escritura de un marcado carácter periodístico. Awayagüé, La danza de la muerte, su octava y última novela, escrita al filo de la ciencia ficción, recoge todos esos componentes y ofrece una mirada crítica sobre un mundo, el nuestro, que se acerca al abismo de su propia extinción. Comunidad de AUTORES se encarga de la publicación de esta obra y estará disponible muy pronto.

Otras obras del autor son: Alarbe, la ciudad perdida; El milagro; Hombres en crisis; Chica Valor; Nadie te está esperando; Los que van a morir…; y El límite del perdón.

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