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La Muerte-La danza de la Muerte-La danza macabra

Trionfo della Morte (1446), Autor desconocido. Fresco de la Galería Regional del Palazzo Abbatellis, Palermo. Dominio Público. Sobre la imagen: Se considera una de las obras más representativas del gótico tardío en Italia. Se piensa que fue un encargo de los reyes de aragoneses de Nápoles a un artista catalán o provenzal. Triunfo de la muerte antes de sufrir daños en la parte central. La obra proviene del Palazzo Sclafani, también en Palermo y sufrió daños años después de su traslado el fresco fue dividido en cuatro partes para el mismo. El fresco es una composición donde en un lujoso jardín rodeado de un seto, la Muerte entra montando un esqueleto de un caballo, disparando flechas desde un arco. La muerte apunta a personajes que pertenecen a todos los niveles sociales, matándolos. La muerte acaba de lanzar una flecha, que golpeó a un joven en la esquina inferior derecha; En la parte inferior se encuentran los cadáveres de las personas muertas anteriormente: emperadores, papas, obispos, frailes (tanto franciscanos como dominicanos), poetas, caballeros y doncellas. Cada personaje se representa de manera diferente: algunos todavía tienen una mueca de dolor en la cara, mientras que otros son serenos; algunos tienen sus extremidades desmembradas en el suelo, y otros están arrodillados después de haber sido golpeados por una flecha. A la izquierda hay un grupo de personas pobres, invocando a la Muerte para detener su sufrimiento, pero ésta los ignora. Entre ellos, la figura que mira hacia el observador se ha propuesto como un posible autorretrato del artista. A la derecha hay un grupo de nobles, que se muestran desinteresados, la mayoría de ellos continuando sus actividades. Incluyen varios músicos, mujeres nobles ricamente vestidas y caballeros con ropa de piel, como símbolos de la vida y la juventud. Un hombre tiene un halcón en el brazo y otro está liderando a dos perros.

¿Qué es La danza de la muerte?

En Comunidad de AUTORES estamos publicando la novela de Raúl Martínez Ibars titulada:  AWAYAGUÉ- La danza de la muerte. Raúl nos entrega su nueva novela. Desenfadada, y al mismo tiempo ferozmente crítica, su lectura nos sumerge en un mundo cuya complicidad desconcierta.
La muerte, “la misteriosa dama”, siempre ha arrastrado a los vivos a bailar con ella, igual da su relevancia o su condición social. Pero, ¿podremos algún día trascenderla? Tal vez no tenga sentido, si no superemos primero nuestras propias limitaciones. AWAYAGUÉ está escrita al filo de la ciencia ficción, recoge todos esos componentes y ofrece una mirada crítica sobre un mundo, el nuestro, que se acerca al abismo de su propia extinción. Una aproximación distinta a la inmortalidad y el trashumanismo, desde una historia desenfadada y divertida.

Aquí queremos introducirla contando lo que representa la DANZA DE LA MUERTE  en la literatura y el arte.

La danza macabra o danza de la muerte es un estilo artístico y literario que surge en la Baja Edad Media y que tiene como motivo principal la universalidad de la muerte. Se trata de un diálogo en que una personificación alegórica de la Muerte, como un esqueleto humano, llama a personas de distinta posición social o que están en diferentes etapas en la vida, para bailar alrededor de una tumba.

una personificación alegórica de la Muerte, como un esqueleto humano, llama a personas de distinta posición social o que están en diferentes etapas en la vida para, bailar alrededor de una tumba.

En principio, muestra un grupo de figuras, variable en su número, con una serie de vivos que bailan con muertos, emparejados e intercalándose. Cada imagen suele ir acompañada de textos rimados, escritos en latín o en lengua vernácula, muy fáciles de entender. Los muertos arrastran a los vivos, como si los sacaran a bailar, y los vivos se resisten o se quedan petrificados ante una farándula de la que son, tristemente y a su pesar, protagonistas.[1]

Sus orígenes son controvertidos, situándola principalmente entre Francia (Danse Macabre) y Alemania(Upper Quatrain). Esta tradición o estilo se extiende por toda Europa hasta el siglo XVIII y XIX. En España, La Dança general de la Muerte es un poema alegórico y anónimo castellano escrito en dodecasílabos agrupados en coplas reales, que es incluso más antiguo. Se desconoce el autor, aunque se piensa que pudo haberla escrito un monje de San Juan de la Peña,  una copia del manuscrito se encuentra en la Biblioteca del Monasterio del Escorial.

Del fresco del Cementerio de los inocentes de París ( La dance macabre des Sainct innocents de Paris) de 1424, procede una de las líneas de mayor influencia. Fue destruido pero se documentó en un libro de 1485, compuesto por el maestro Jehan Gerson (1363-1429) y publicado por el editor Guyot Marchand. Este libro fue fuente de multitud de versiones, ya impresas, en su época. La aparición de  mujeres en la danza surge poco después.

Danse macabre. (Paris)1486 La obra incluye: la Historia de los tres muertos y los tres vivos. El debate del cuerpo y alma. La danza macabra de las mujeres. Además tiene el Estudio sobre el cementerio, la fosa común y el fresco pintado en 1424. Bibliothèque nationale de France, département Réserve des livres rares, RES-YE-189. Dominio Público.

“Es la danza de la muerte –explicó Natsué–. Los t’awayagüé veneramos la muerte. Los t’awayagüé celebramos la vida. Ese es el símbolo de Shianí, la Serpiente. Cada Luna Nueva morimos y renacemos. Hasta que decidimos morir y no renacer a esta vida. Ese es el poder de Awayagüé. Y nosotros somos sus hijos.”

de la novela AWAYAGÜÉ - La danza de la muerte.


Las hambrunas y pandemias de la Edad Media en Europa hacen que surja una corriente ascética, durante los siglos XIV y XV cuya doctrina fundamental era la presencia constante de la muerte, toda una filosofía de vida que preparaba a “bien morir”. Contribuyeron a generalizarla los sermones y el miedo instintivo a lo desconocido. Se temía a la muerte, se hablaba de ella y se la representaba. Frente a ella no había resignación cristiana, sino terror ante la pérdida de los placeres terrenales. Representa, por un lado, una intención religiosa: recordar que los goces del mundo son perecederos y que hay que estar preparado para morir cristianamente; por otro lado, una intención satírica al hacer que todos caigan muertos, con independencia de su edad o su posición social, dado el poder igualatorio de la muerte.[2]

toda una filosofía de vida que preparaba a “bien morir”. Contribuyeron a generalizarla los sermones y el miedo instintivo a lo desconocido. Se temía a la muerte, se hablaba de ella y se la representaba.

La muerte entendida como una entidad igualitaria y niveladora, "corta con su guadaña todos los privilegios de jerarquía y de fortuna. ‘El más rico sólo tiene una mortaja’. Por eso, la Danza macabra daba a los desheredados la áspera satisfacción de una revancha: se consolaban pensando que aquellos que engordaban a sus expensas sólo ofrecían un banquete más fastuoso a los gusanos: Le plus gras est primer pourry. (El más gordo es el primer podrido)”.[3]

"la Danza macabra daba a los desheredados la áspera satisfacción de una revancha: se consolaban pensando que aquellos que engordaban a sus expensas sólo ofrecían un banquete más fastuoso a los gusanos"

Mientras este proceso vital se producía en Europa, España, salvo casos muy aislados (como el del arcipreste de Hita), seguía resignada ante el problema y lo hacía tan suyo que no hubo obra importante a partir de la segunda mitad del siglo XIV que, directa o indirectamente, no participara de esa obsesiva preocupación. Un ejemplo literario es Jorge Manrique, autor del poema “Coplas por la muerte del Maestre de Santiago, Don Rodrigo Manrique”, su padre, que constituyen la cima de la poesía castellana del siglo XV. Algunos estudiosos creen que la procesión de la Danza de la Muerte de Verges (Girona) es la celebración más antigua de España, situando sus inicios en 1347.[4]

En la mentalidad de la Baja Edad Media predominan tres puntos de vista sobre la percepción de la muerte. El primero ve la muerte como un fenómeno universal, que puede sobrevenir de forma brusca e inesperada a personas de cualquier edad y condición, sin tener en cuenta su estatus social o económico. El segundo afirma que cualquier fama terrenal es transitoria, siendo una variante más del tópico literario grecolatino del ubi sunt? asumido por la literatura sapiencial cristiana. El tercero se relaciona con la vanitas y el Contemptus mundi, y afirma que la belleza física decae con la vejez y desaparece con la muerte.[5]

La iconografía de la danza macabra, construye una visión aleccionadora de la Muerte:" la muerte arrastra en su rondalla musical a todos los seres humanos, sean quienes fueren, sin tener en cuenta su edad y sin considerar su condición social, estamento o capacidad económica. Desde el Papa, hasta el más humilde de los ermitaños, tanto el emperador y el rey, como el campesino, el trovador y el mendigo, el condestable y el sargento; todos deben pasar por ella".

HORAE Beatae Mariae Virginis. Hermoso manuscrito ejecutado en el siglo XV, decorado en cada página con grandes bordes en oro y colores. El volumen comienza con el Evangelio según San Juan; Está decorado con 16 miniaturas grandes de las cuales mostramos la nº 14. El funeral (fol. 108 v °) con el fol.109 rº. Estas miniatura, junto a otras siete, está firmada con una cruz o una daga.  Esta última escena, en la parte inferior de la cual notaremos el signo utilizado por el artista, está enmarcada por una curiosa danza macabra, cuyos temas continúan en los márgenes de la locura. 109. M. H.-N. Humphreys dio una descripción de estos temas en su obra titulada: Holbein's Dance of Death (Londres, 1868).Bibliothèque nationale de France. Dominio Público. Département des Manuscrits. Rothschild 2535 (24 b[I,3,33]Relación: http://archivesetmanuscrits.bnf.fr/ark:/12148/cc369335

 

Otro aspecto importante es que, en principio, bailar es tenido por todos como algo positivo y agradable, indicativo de alegría y propio de días festivos. Bailar con la Muerte implica una visión irónica de la felicidad, entendida como un bien pasajero y caduco en el que no se debe confiar demasiado.[6]


Durante una eternidad cargó con ese peso en el alma, hasta que el efecto de la sustancia fue disminuyendo y llegó el momento de bailar.

Hombres y mujeres, puestos en pie, al ritmo de las maracas y de los cascabeles que adornaban sus tobillos, danzaban frenéticamente, exultantes por haber atravesado las sombras de la noche y concluir felizmente el viaje, unidos por la alegría de la experiencia compartida. Pero Sirus apenas podía mover sus piernas; mantenido al margen, excluido, desterrado de la vida, abatido, sólo podía llorar en silencio.

Y entre cánticos, risas y abrazos, con el amanecer, el ritual llegó a su fin. Cuando el hombre y la mujer que abrieron la sesión hicieron de nuevo uso de la palabra para cerrarla, Sirus se derrumbó.

de AWAYAGÜÉ - La danza de la muerte.


Ya en la Antigua Roma se hablaba del Memento mori del latín "recuerda que morirás", en el sentido de que debes recordar tu mortalidad como ser humano. Suele usarse para identificar un tema frecuente, o tópico, en el arte y la literatura que trata de la fugacidad de la vida. Su origen viene de la costumbre de recordar a los generales victoriosos las limitaciones de la naturaleza humana, con el fin de impedir que incurriese en la soberbia y pretendiese, a la manera de un dios omnipotente, usar su poder ignorando las limitaciones impuestas por la ley y la costumbre, detras iba un siervo recordándole las limitaciones de la naturaleza humana Lo hacía pronunciando esta frase:

Respice post te! Hominem te esse memento!  "¡Mira tras de ti! Recuerda que eres un hombre" (y no un dios).

 

Se representaba artísticamente en frescos y mosaicos, donde podemos encontrar cráneos y esqueletos. También se usa para denominar a las representaciones de difuntos en la historia del arte.

Memento Mori (Pompeya I, 5, 2). Museo Arqueológico Nacional de Nápoles (MANN). Dominio Público. Sobre la imagen: Mosaico romano que representa la Rueda de la Fortuna que, a su vez, puede hacer que los ricos (simbolizados por la tela púrpura a la izquierda) sean pobres y los pobres (simbolizados por la piel de cabra a la derecha) ricos; ambos estados son muy precarios, con la muerte nunca lejos y la vida colgando de un hilo: cuando se rompe, el alma (simbolizada por la mariposa) vuela. Otro es el llamado Carpe diem («aprovecha el día») o el Esqueleto copero, que muestra un esqueleto con copas en las manos. Otro mosaico famoso de la antigüedad es el titulado Gnōthi seautón (γνῶθι σεαυτόν, «conócete a ti mismo» en griego), conservado en el Museo delle Terme di Diocleziano (Roma), en que se ve un esqueleto recostado sobre su guadaña. Cabe reseñar también un mosaico del siglo III a.C. conservado en el Museo Arqueológico de Hatay en Antioquía, que muestra un esqueleto con una jarra de vino y una hogaza de pan y la inscripción «sed alegres, vivid vuestra vida».

La pintura de bodegones, que surgió en Europa con los libros religiosos ilustrados, cumplió en esa época con la función similar a la de la frase anterior durante el imperio romano: persuadirnos de la vanitas de la existencia, que significa vanidad (de vanus, «vacío»). Su mensaje era claro: la naturaleza se descompone, pero el alma es inmortal; el espíritu habita brevemente en cada cuerpo. La forma más extrema del mensaje moral que ofrece la vida aún se encuentra en la pintura de vanitas, que toma su nombre del íncipit Eclesiastés:

Vanitas Vanitatum et omnia vanitas (Eclesiastés 1:2;12:8).

Vanidad de vanidades, todo es vanidad

Vanitas,1672. Debajo del cráneo, un soneto firmado. Juan Francisco Carrión (1626–1680). Eskenazi Museum of Art. Bloomington- Indiana. Dominio Público. Sobre la imagen: Representa una mesa repleta de libros ante una estantería con más libros, una calavera con un papel en el que aparecen escritos unos versos, objetos de escritorio y un reloj de arena. Entre los libros, algunos identificables por sus rótulos, dos son de obras morales de Francisco de Quevedo: la Virtud militante contra las cuatro pestes del mundo y La cuna y la sepultura.

 

El objetivo principal de una “pintura de vanitas” es resaltar la vacuidad de la vida y la relevancia de la muerte como fin de los placeres mundanos, en el sentido de futilidad, insignificancia, fragilidad de la vida, brevedad de la existencia. Se considera un subgénero del bodegón o naturaleza muerta, por lo general de alto valor simbólico y alegórico. La presencia de un cráneo humano, generalmente acompañado por otros símbolos alusivos a la temporalidad de la vida y la inutilidad del esfuerzo humano: flores caídas, frutas podridas, relojes de arena, etcétera. En muchos cuadros de vanitas se agrupan los elementos que representan la actividad humana (libros, instrumentos científicos) y los placeres humanos (pipas, instrumentos musicales, etcétera) que marcan la futilidad de lo material en una vida tan corta. La pintura de bodegones simboliza lo que seguirán siendo los seres humanos cuando hayan abandonado el escenario de la vida: vanitas.[7]

su objetivo principal es resaltar la vacuidad de la vida y la relevancia de la muerte como fin de los placeres mundanos, en el sentido de futilidad, insignificancia, fragilidad de la vida, brevedad de la existencia.

Su mayor auge se dio durante el Barroco, época en que pasó a considerarse un género independiente. En dicho período cabe establecer su inicio en los Países Bajos en torno a 1620, desde donde se extendió por Francia y Flandes y, posteriormente, Alemania, Italia, España y otros países.


—¿Y la muerte, qué sentido tiene la muerte?

—La muerte es nuestra gran aliada, aquello que nos impulsa a seguir adelante, a cambiar, a exprimir cada momento de la vida. A elevarnos por encima de las miserias cotidianas. Sin la conciencia de la muerte la vida pierde intensidad, pierde plenitud, pierde sentido y dirección. Y eso quizás también sea válido para Lolita, tu máquina perfecta. Quizás para ella no sea sólo un problema de voluntad, sino también de falta de conciencia de su finitud. Sin esa conciencia, la vida se torna infinita, inabarcable; sin límites, la vida se difumina y desestructura, no encuentra dónde agarrarse.

La muerte es nuestra amiga. Y el gran mensaje, el privilegio que nos otorgan los t’awayagüé a través de su sustancia, es la posibilidad de tomar la muerte en nuestras manos y decidir cuándo y cómo morir. Ese es el quid de la cuestión. Jugar a ser inmortales es una trampa de la propia vanidad, del autoengrandecimiento, un juego que no tiene en cuenta otra cosa que el deseo de perpetuidad infinita del pequeño yo.

de AWAYAGÜÉ - La danza de la muerte.


En literatura, La Danza general de la muerte castellana tiene una estructura singular: Primero, el texto se destaca por su estructura muy precisa en la que en las cuatro primeras estrofas, la Muerte toma la palabra. En las tres siguientes, le responde el Predicador. Después vuelve a expresarse la Muerte. A continuación se expresan figuras representativas de los tres estamentos sociales medievales (nobleza, clero y plebe) sucesivamente alternándose laicos y clérigos e invitados por el personaje alegórico de la Muerte a unirse a su danza. Antes de las dos estrofas de cierre, la crítica se hace por orden descendente, desde el Papa y el Emperador hasta el más humilde de los mortales. Los únicos personajes que aceptan el fin de sus días tranquilamente, sin temor ni rebeldía, son el fraile y el ermitaño, a los que redime la pureza de su ascetismo.

El texto nos sugiere la universalidad de la muerte y su poder igualador, recalcado por elementos simbólicos que remiten al Juicio Final en la Biblia. La idea es que “no son los poderes y las riquezas de los seres los que determinan lo que pasará en el más allá sino más bien sus acciones, como lo sugiere la doctrina católica”.


Y ya no le quedaba el alivio de pensar que alguna vez toda esa mascarada caerá, ya que el personaje, al fin, envejecerá y morirá.

...

Helos, ahí. Bailando desenfrenadamente, copulando como animales. No, pobres animales. Como humanos degenerados sin más horizonte que saciar su propio deseo, como si el mundo girara alrededor suyo. Personas precopernicanas, antediluvianas, que no tenían más altura de miras que la que alcanzaban desde su propio ombligo.

de AWAYAGÜÉ - La danza de la muerte.


Su influencia se deja notar en autores españoles posteriores, como La Barca de la Gloria, de Gil Vicente, Diálogo de Mercurio y Carón de Alfonso de Valdés, Farsa llamada Danza de la Muerte de Juan de Pedraza, La farsa de la Muerte de Diego Sánchez de Badajoz, Las Cortes de la Muerte de Luis Hurtado de Toledo y Coloquio de la Muerte con todas las edades y estados, de Sebastián de Horozco. En el capítulo XI de la segunda parte de El Quijote, Don Quijote y Sancho encuentran a una compañía de cómicos que representan Las Cortes de la Muerte, un auto sacramental de Lope de Vega. Finalmente, en el Barroco se encuentran las últimas referencias en los autos de Calderón de la Barca y en Los Sueños (1627) de Quevedo

En música, varias piezas (sobre todo del siglo XIX) se vieron influenciadas por la temática de la Danza de la muerte. Una de las más destacadas es la Danse macabre de Camille Saint-Saëns. En ese poema sinfónico un violín solista tocado alegóricamente por la muerte lleva la voz cantante imponiéndose sobre el resto de instrumentos, representación de los mortales. La composición de Franz Liszt traducida del alemán (Totentanz) al francés como Danse macabre no comparte con la temática sino el nombre, pues la obra son unas variaciones del tema medieval del Dies Irae para orquesta y piano concertante.


[1] González Zymla, Herbert. La danza macabra ESTUDIO ICONOGRÁFICO Revista Digital de Iconografía Medieval, vol. VI, nº 11, 2014, pp. 23-51

[2]BOUDET, Jean-Patrice; MILLET, Hélène (1997): Eustache Deschamps et son temps. Textes et Documents d’Histoire Médiévale. Sorbona, París.

[3] BOUDET, Jean-Patrice y MILLET, Hélène (1997); RÉAU, Louis (1996): p. 669.

[5]BOUDET, Jean-Patrice; MILLET, Hélène (1997): Eustache Deschamps et son temps. Textes et Documents d’Histoire Médiévale. Sorbona, París.

[6] González Zymla, Herbert. La danza macabra 

[7] de la Plaza Escudero, Lorenzo; Morales Gómez, Adoración (2015). Diccionario visual de términos de arte. Madrid: Cátedra.

Desde Comunidad de AUTORES publicamos la octava novela de Raúl Martínez Ibars: AWAYAGÜÉ - La danza de la muerte.


Sobre el AUTOR:

Tres vectores confluyen en el universo creativo de Raúl Martínez Ibars (1955): el mundo social y político, al que ha dedicado su vida profesional como investigador y dirigente de diversas organizaciones sociales; el mundo de la espiritualidad, la evolución consciente y la psicoterapia, formándose y practicando variadas disciplinas psicológicas y espirituales; y el sentido del humor, para el cual no ha recibido otras influencias que su propia necesidad de divertirse escribiendo.

Toda su obra se construye bajo el influjo de tales elementos, que desembocan, invariablemente, en la realidad actual, dotando a su escritura de un marcado carácter periodístico. Awayagüé- La danza de la muerte, su octava y última novela, escrita al filo de la ciencia ficción, recoge todos esos componentes y ofrece una mirada crítica sobre un mundo, el nuestro, que se acerca al abismo de su propia extinción. Comunidad de AUTORES se encarga de la publicación de esta obra y estará disponible muy pronto.

Otras obras del autor son: Alarbe, la ciudad perdida; El milagro; Hombres en crisis; Chica Valor; Nadie te está esperando; Los que van a morir…; y El límite del perdón.


 

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