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El espíritu del tiempo

Le Sortie de l'opéra en l'an 2000 (1902). Salida de la ópera en el año 2000, se trata de una interpretación futurista de cómo serían los viajes aéreos sobre París elaborada a fines del siglo XIX. Un aspecto interesante es que se pueden ver mujeres conduciendo su propia aeronave. Su autor, el ilustrador, grabador, litógrafo, caricaturista, novelista y futurólogo francés Albert Robida (1848-1926). Exhibida en la exposición "¡Aceleren! Cómo los coches dieron forma al mundo moderno" Victoria and Albert Museum, Londres 2019. Fuente: Library of Congress, dominio público.

de Raúl Martínez Ibars para Comunidad de AUTORES: El espíritu del tiempo

Lo que ocurre en una sociedad en un tiempo determinado marca una impronta, imprime un sello. Esa impronta impregna el ámbito de las ideas y emana de los hechos humanos, a la vez que los conforma, así como de los sucesos naturales.

El drama La danza de la muerte aparece en el tardo medievo europeo como consecuencia de la peste negra, una pandemia que asoló el mundo a principios y mediados de siglo XIV y que en Europa acabó, según algunos cálculos, con el 60 por ciento de la población. A veces conocido como el Triunfo de la muerte o la Danza macabra, el drama, que se representaba en iglesias y cementerios, moralizaba sobre la futilidad de la vida y el carácter igualador de la muerte, que no respetaba rango ni procedencia. El espectáculo aleccionaba sobre la naturaleza inevitable de la muerte, su inesperada presencia y su condición universal, y exhortaba a prepararnos para su llegada.

El triunfo de la muerte, 1562 - 1563, Pieter Bruegel, EL VIEJO ¿Bruegel (Países Bajos)?, 1525 - Bruselas, 1569. Fuente: Museo Nacional del Prado. Obra moral que muestra el triunfo de la muerte sobre las cosas mundanas, simbolizado a través de un gran ejército de esqueletos arrasando la Tierra. La pintura reproduce un tema habitual en la literatura del medioevo como es la Danza de la muerte, que fue frecuentemente utilizado por los artistas del norte de Europa. La profusión de escenas y el sentido moralizante utilizado por el autor, son parte de la influencia de El Bosco en su obra.

 

¿Cuáles son los rasgos distintivos del momento actual, el espíritu de nuestro tiempo? Muchas podrían ser las respuestas a esta pregunta, dependiendo de la posición y la óptica, pero yo quiero traer a colación cuatro corrientes impetuosas que con su caudal lo conforman. Por supuesto, estos cuatro fenómenos y otros muchos a los que podríamos aludir, se encuentran estrechamente entrelazados, realimentándose, positiva o negativamente, unos a otros.

Quiero hablar en primer lugar de la idea de “Fin del Mundo”, que hereda las ancestrales posiciones milenaristas, en auge también en la Baja Edad Media de la peste negra, pero cuya condición espiritual o divina ha dado paso a otra basada en la capacidad humana de destrucción. Si hay una idea que configure el sentir de nuestra época, esa es la de que estamos al borde de un abismo en el que inevitablemente nos vamos a precipitar. La catástrofe climática es el paradigma, pero no el único desencadenante de una ineludible crisis de civilización: la superpoblación, la guerra nuclear, la disrupción tecnológica o la pandemia son otras amenazas que, de forma aislada o conjunta, pueden acabar con la humanidad. Basta con echar un vistazo a la producción cinematográfica que aloja a los seres humanos en un próximo mañana para darnos cuenta de lo enraizado que está este pensamiento en nuestra visión del mundo: la falta de futuro o su imagen apocalíptica.

Si hay una idea que configure el sentir de nuestra época, esa es la de que estamos al borde de un abismo en el que inevitablemente nos vamos a precipitar.

El otro fenómeno que considero configura el espíritu de nuestro tiempo tiene que ver con la omnipresencia tecnológica. Para unos, los optimistas tecnológicos, reclutados casi íntegramente entre los propios científicos que participan en su desarrollo, la solución a todos los males vendrá dada gracias a los avances tecnológicos, en especial en los campos conocidos como GNR, genética, nanotecnología y robótica. Desde el control y la desaparición de la contaminación, hasta la producción ilimitada de alimentos y bienes, la salud eterna o la conquista y terraformación de Marte, todos los males a los que hace frente nuestra civilización serán resueltos tarde o temprano por el avance científico y tecnológico.

Pero este fenómeno tiene también sus detractores, su lado oscuro, su aspecto maligno: el control de las conciencias a través de los big data, la irrelevancia económica de la mayor parte de los seres humanos sustituidos por robots guiados por inteligencia artificial, la dictadura tecnológica, el incremento de la desigualdad, son consecuencias aventuradas por muchos analistas, los pesimistas tecnológicos, que presagian un futuro desolador, más acorde con “El Fin del Mundo”. Sea como tabla de salvación, como elemento de dominación o como simple entretenimiento, no cabe duda de que el desarrollo tecnológico forma parte de lo que configura nuestra visión del mundo, nuestra vivencia de él y nuestro comportamiento hasta límites que difícilmente se pueden precisar.

Sea como tabla de salvación, como elemento de dominación o como simple entretenimiento, no cabe duda de que el desarrollo tecnológico forma parte de lo que configura nuestra visión del mundo, nuestra vivencia de él y nuestro comportamiento hasta límites que difícilmente se pueden precisar.

El tercer elemento que quiero traer a colación tiene que ver con lo que se conoce como tribalización, término con el que se tiende a denominar un impulso generalizado a la fragmentación de sociedades y naciones basada en el concepto, o quizás sentimiento, de identidad. Sea como reacción al fenómeno de la globalización y al abandono propiciado por las élites políticas y económicas de amplios sectores de la sociedad, sea por el fracaso del comunismo como idea redentora y, con él, de todo el proyecto de la izquierda, sea por la crisis de la democracia liberal, es innegable la tendencia generalizada a la reclusión en el ámbito de “lo propio” y la enemistad con o la explotación de lo ajeno. Desde el terrorismo yihadista, hasta el America first, o el auge de la extrema derecha con su corolario de odio al extranjero, la fragmentación y el abandono de la universalidad se extiende por todo el planeta. Lo vemos en la India, que pretende excluir de la ciudadanía a la población musulmana, en Oriente Medio con el fundamentalismo islámico, en Europa o América con el crecimiento imparable del nacionalismo auspiciado por la extrema derecha… La confrontación, el rechazo y el odio a lo diferente se instala progresivamente en la conciencia de la humanidad.

La propaganda nazi a menudo representaba a los judíos como participantes en un complot para provocar la guerra. En esta foto, un estereotipo judío conspira entre bastidores para controlar a las potencias aliadas. La leyenda dice: "Detrás de las potencias enemigas: el judío". Hacia 1942

Desde el terrorismo yihadista, hasta el America first, o el auge de la extrema derecha con su corolario de odio al extranjero, la fragmentación y el abandono de la universalidad se extiende por todo el planeta.

El cuarto fenómeno es, quizás, el menos evidente. Me refiero al anhelo de espiritualidad, de reconexión con la trascendencia, de una salida vertical a la crisis a través del ascenso de la consciencia humana. El retorno de las religiones en su versión fundamentalista forma la parte oscura de tal anhelo. Pero hay más, la idea de reencuentro y equilibrio con la naturaleza propio del movimiento ecologista; la de comunidad como vía de superar el aislacionismo individualista; el despertar de la solidaridad y la compasión, entendida como el deseo de mitigar el sufrimiento propio y ajeno; la igualdad propiciada principalmente por el feminismo; el impulso del diálogo interreligioso; la búsqueda, en definitiva, de un espacio común que permita la convivencia y el desarrollo espiritual de la humanidad.

anhelo de espiritualidad, de reconexión con la trascendencia, de una salida vertical a la crisis a través del ascenso de la consciencia humana

"Y en eso llegó Fidel", es decir, el coronavirus.

¿Cuál será el resultado de la interrelación dialéctica de tales fenómenos? ¿Hacía dónde vamos? Como decía mi padre, “el dia de demà ningú l’ha vist”.

Sobre el autor: Raúl Martínez Ibars

Tres vectores confluyen en el universo creativo de Raúl Martínez Ibars (1955): el mundo social y político, al que ha dedicado su vida profesional como investigador y dirigente de diversas organizaciones sociales; el mundo de la espiritualidad, la evolución consciente y la psicoterapia, formándose y practicando variadas disciplinas psicológicas y espirituales; y el sentido del humor, para el cual no ha recibido otras influencias que su propia necesidad de divertirse escribiendo.

Toda su obra se construye bajo el influjo de tales elementos, que desembocan, invariablemente, en la realidad actual, dotando a su escritura de un marcado carácter periodístico. Awayagüé, La danza de la muerte, su octava y última novela, escrita al filo de la ciencia ficción, recoge todos esos componentes y ofrece una mirada crítica sobre un mundo, el nuestro, que se acerca al abismo de su propia extinción. Comunidad de AUTORES se encarga de la publicación de esta obra y YA ESTÁ DISPONIBLE EN LA LIBRERÍA DE NUESTRO SITIO. Como OFERTA DE LANZAMIENTO (solamente para el territorio español) durante los meses de agosto y septiembre, con la compra del libro electrónico,  tendrá la opción de recibir una copia del libro impreso a partir de su publicación en septiembre por solo 4€ más.

Otras obras del autor son: Alarbe, la ciudad perdida; El milagro; Hombres en crisis; Chica Valor; Nadie te está esperando; Los que van a morir…; y El límite del perdón.

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